"ESTABLECER VINCULOS ES FUNDAMENTAL PARA LA SUPERACIÓN DEL SINDROME DE ULISES"
Desde la década de 1980 el tema es investigado por el Dr. Joseba Achótegui de la Universidad de Barcelona. El nombre procede del héroe de la mitología griega Ulises, quien perdido durante muchos años en su camino de vuelta a Ítaca -su tierra natal- añoraba regresar pero se veía imposibilitado de volver a ella.
Una tarde de la segunda semana del mes, a las 13 horas. La conversación entre la Psicóloga y quien redacta se hace más interesante; la entrevista adquiere el matiz de consulta clínica de vez en cuando... Sucede cuando nos sentimos protagonistas del hecho que se plantea, como lo es El Síndrome de Ulises.
Junto a la psicóloga Anabella Rodríguez Reyes, analizamos el fenómeno de gran relevancia respecto al tema migratorio.
Pregunta: ¿Cuáles variables provocan el malestar en el inmigrante?
Respuesta: Las variables podrían considerarse en dos grandes grupos: las derivadas del desarraigo y el duelo que éste provoca en relación a la tierra de origen y el duelo en relación a la nueva realidad que no presenta las características ideales de "paraíso" o "tierra prometida” que se le suponían cuando estaba en el país de origen y decide emigrar.
En el primer caso, habitualmente se reconocen siete duelos como los centrales que todo inmigrante habrá de elaborar para superarlos y son: el duelo por la tierra, por la familia y amigos, por la cultura, por el estatus social, por el idioma en el caso de que sea diferente, por el grupo nacional y por los riesgos físicos que en muchos casos se han sufrido en la travesía migratoria. En el duelo referido a la tierra de acogida se ha de aceptar la diferencia entre la imagen de país ideal -que habría de brindar satisfacción a toda necesidad- y la realidad que indica que "acá tampoco nada es fácil" y hay que hacer un gran esfuerzo para lograr nuestra inserción en esta nueva sociedad.
Estas manifestaciones también conocidas como "Síndrome del inmigrante con Estrés Crónico y Múltiple” es diferente de lo que sería un proceso de duelo "normal". Se trata precisamente de un cuadro psicopatológico que Achótegui ha delimitado tras haber atendido a inmigrantes que no cursaban un duelo común y que observó sobre todo en inmigrantes extracomunitarios que presentaban enormes dificultades para insertarse en la sociedad de acogida. Estas dificultades se deben en gran parte a su situación de ilegalidad, que les complica conseguir vivienda y trabajo en condiciones adecuadas de trato y salario.
Se le denomina de este modo porque las personas están sometidas a múltiples factores estresantes a la vez, durante un lapso de tiempo prolongado.
P: ¿Por qué es tan importante su condición legal?
R: El no poder regularizar su situación le genera dificultades mayores a nivel laboral y para conseguir vivienda. También le hace más susceptible a vivir situaciones de explotación laboral y en fin, múltiples situaciones de violencia que atentan contra su ya dañada autoestima.
P: ¿Cuáles acciones especificas producen este "duelo"?
R: Cualquier situación donde ocurra un cambio grande en la vida de una persona implica una situación de duelo, por ejemplo la muerte de un ser querido, cambiar de domicilio. Pero en este caso la situación de emigración implica un duelo más complejo ya que se trata de una reorganización de la persona en un lugar nuevo. El dejar a la familia, trabajo, amistades, pareja y no poder insertarse en el nuevo medio lleva muchas veces a plantearse para qué vino; si realmente habrá merecido la pena haberlo hecho. El inmigrante es como una planta que ha sido arrancada de su tierra, que para poder seguir viva y creciendo necesita enraizarse en esta otra tierra; pero las limitaciones que va encontrando para hacerlo hace que se vaya marchitando y debilitando pudiendo llegar a morir, si no logra las raíces de sostén y alimento necesarios para reconstruir su identidad.
P: ¿Según el género y la edad, quienes son más afectados?
R: Es más visible en el sexo femenino, en parte porque la mujer expresa más su malestar y consulta más que el hombre. Además las mujeres inmigrantes tal vez están más estresadas que los hombres ya que generalmente trabajan en tareas duras durante jornadas muy extensas y al llegar a su casa tienen que seguir trabajando en las tareas domésticas y el cuidado de los niños. A los hombres también les afecta pero de manera diferente. También hay que tener en cuenta que en ellos la educación determina que no expresen su malestar emocional. Porque entre otras cosas, culturalmente no tienen permitido llorar.
P: ¿Y los adolescentes?
R: A los adolescentes les cuesta más adaptarse que a los adultos porque tienen que dejar a su grupo de pares y referencias culturales, las que posee especialmente en la etapa que está viviendo y tienen una relevancia muy particular. Existe en los jóvenes una búsqueda de autonomía que los lleva a distanciarse de los adultos, a refugiarse y mirarse en el grupo de amigos o de jóvenes. El adolescente inmigrante pierde precisamente esa referencia, ya que sus amigos quedaron en el país de origen y en el país de acogida no cuenta al principio con amigos. Además porque los grupos tienen determinados códigos de comportamientos, de lenguaje, de gustos, respecto a los que el chico inmigrante está ajeno, dificultándole la integración a los mismos.
P: ¿A nivel clínico o médico se trata de manera adecuada?
R: Muchas veces no. La mayoría de las veces los médicos no tienen en cuenta la sintomatología que presenta el paciente inmigrante en relación a su situación migratoria, o si la tienen, no dan cuenta de ello porque no abordan con el paciente la consulta aludiendo a su problemática migratoria. Sin embargo, muchos de los síntomas presentes en el Síndrome de Ulises se manifiestan en el área de lo corporal o física en lo que habitualmente se conoce como trastornos psico-somáticos. De hecho han aumentado las consultas de los inmigrantes al médico por trastornos de este tipo y los mismos no presentan en infinidad de ocasiones una correspondencia con enfermedades orgánicas. Por ejemplo: dolores de cabeza como las cefaleas y las migrañas e incluso cegueras transitorias que padecen algunos inmigrantes, no tienen un correlato con una patología a nivel orgánico. Ello se debe a que el malestar psicológico muchas veces se expresa en el cuerpo. El inmigrante puede presentar también malestares del aparato digestivo, vértigos, ansiedad, angustia o depresión que presenta a nivel del área que habitualmente se considera como estrictamente psicológica.
P: ¿Existen mecanismos de defensa naturales en el cuerpo humano?
R: El psiquismo posee mecanismos de protección frente a la ansiedad. Los síntomas son en parte mecanismos de defensa, retomando el ejemplo de la pérdida de visión a la que hacíamos referencia, la misma puede llegar a tener el sentido de un no querer ver su realidad actual, también la disminución de la memoria puede operar como defensa ante recuerdos que pueden hostigar al individuo.
P: ¿Cómo podemos combatir los efectos del Síndrome de Ulises?
R: Es fundamental establecer redes de apoyo y contención. Acercarse a los demás evitando permanecer en soledad; asistiendo a actividades culturales y deportivas; solicitando ayuda a especialistas. Establecer vínculos de comunicación es fundamental para que la persona pueda estar mejor. La mejor ayuda proveniente de los demás y especialmente de la sociedad de acogida es el que sean solidarios con los inmigrantes, lo que no es regodearse en el ideal de solidaridad (serlo o creer serlo solamente por brindar ayudas a los pueblos subdesarrollados que están lejos, y a veces cuánto más mejor), sino serlo realmente con el ser humano que tenemos al lado, escuchándole y brindándole ayuda si lo necesita.
P: En relación a tu actuación en la Asociación Uruguaya de Baleares, ¿En cuáles iniciativas puestas en marcha por la misma has participado?
R: He sido coordinadora conjuntamente con la educadora Florencia Acerenza de un proyecto denominado "Jugando nos integramos" en el que se puso en funcionamiento una ludoteca: "Planeta lúdico", cuyo objetivo era la conciliación de la vida familiar y laboral. Para ello se trató de brindar a los hijos de inmigrantes principalmente pero también para la población en general, un espacio donde dejar a sus hijos mientras ellos cumplían con sus obligaciones laborales o realizaban algún curso de formación. En este espacio los niños realizaban juegos, actividades artísticas, entre otras que tenían como finalidad central la interculturalidad, sensibilización en relación a las diferencias raciales, culturales y la integración. Este proyecto se llevó cabo en el 2006 gracias a la subvención de la antigua Consellería de Inmigración y Cooperación.
Actualmente estamos trabajando para poner en marcha un nuevo proyecto dirigido a las familias con hijos adolescentes, en respuesta a la preocupación que sienten los adultos por las problemáticas que presentan sus hijos, ya sea a nivel escolar (fracaso, ausentismo) o comportamental en otros ámbitos de su vida y muy especialmente por su temor de que incursionen en bandas y drogas. Se trata de un espacio de orientación y contención para que los padres puedan expresar como se sienten, realizando actividades en común. Para llevarlo a cabo se necesita la respuesta efectiva y apoyo de los padres con su tiempo y asistencia.
Ficha Personal
Anabella Rodríguez Reyes cursó estudios de Psicología en la Universidad de Montevideo, en su natal Uruguay. Se especializó en Clínica y Psicoterapia Psicoanalítica. Colabora con su esposo Alejandro Facal, quien está realizando un documental acerca del proceso migratorio uruguayo, investigando acerca de los efectos psicológicos del fenómeno migratorio y el tema del Síndrome de Ulises. Son padres de una niña nacida en Mallorca. Le agrada la historia, filosofía y literatura, disciplinas que considera se aúnan en su profesión. “En el encuentro con una persona que consulta se trata de escuchar una historia personal que tiene lugar en un contexto histórico particular, a la vez que cada ser humano ha creado una filosofía de vida personal que determina su manera de ser en el mundo e incluso de enfermar. En la vida todos de alguna manera somos personajes literarios en la realidad histórica actual. La literatura está muy ligada a la psicología en cuanto los mejores psicólogos conocedores del alma humana son los escritores", expresa la especialista de la conducta.